
Durante esta jornada la junta militar de Birmania confirmó que los muertos llegan a los 2.056, mientras que hay más de 3.900 heridos a causa del terremoto ocurrido el viernes de 7,7 de magnitud. El encargado de dar la información fue el portavoz del gobierno militar que sostiene el poder desde el golpe de Estado de 2021, Zaw Min Tun.
Sin embargo, la cifra varía desde la oposición. El Gobierno de Unidad Nacional (NUG, en sus siglas en inglés), opuesto al régimen y que controla algunos sectores del país, también mantiene su registro propio. Según su último boletín, los fallecidos serían 2.418. Medios locales independientes de Birmania, mientras tanto, han llegado a contabilizar a 3.000 muertos, acusando que la asistencia entregada por la administración castrense es insuficiente.
El estado actual de las ciudades después del terremoto han dificultado el despliegue de ayuda humanitaria. De hecho, EFE indicó que la directora de comunicación para Asia-Pacífico de la Federación Internacional, Afrhill Rances, confirmó que “el 70% de Sagaing está destruido”. La ciudad corresponde a la más cercana del epicentro.
Sin embargo esos no son los únicos problemas para rescatistas y personal humanitario presentes en el lugar. Los enfrentamientos entre las fuerzas armadas y las guerrillas no han cesado a pesar de la trágica situación. El NUG denunció que los bombardeos militares continúan en las zonas afectadas. Según sus reportes, han ocurrido al menos 11 desde el movimiento telúrico y ha dejado un total de 10 fallecidos.
“La continuación de las operaciones militares en zonas afectadas por la catástrofe entraña el riesgo de que se pierdan más vidas“, escribió en un comunicado la enviada especial de Naciones Unidas para Birmania (Myanmar), Julie Bishop.
La ONU exigió esta jornada acceso sin restricciones a las zonas afectadas para entregar medicinas y alimentos sin distinción política. El país asiático, antes del terremoto, ya contaba con 20 millones de personas -un tercio de su población- con necesidades básicas sin cubrir.