La preocupación ciudadana por los homicidios cometidos con armas de fuego en la Región de Tarapacá sigue instalada con fuerza. En barrios de Iquique, Alto Hospicio y otras comunas de la zona, la percepción de inseguridad no ha cedido, sobre todo cuando muchos de los crímenes más impactantes ocurren en la vía pública y con métodos de alta violencia. Sin embargo, al revisar las cifras oficiales de los últimos dos años, el panorama obliga a una precisión indispensable: no hubo un aumento de los homicidios con armas de fuego entre 2024 y 2025, sino una baja tanto en el total de víctimas como en la proporción de casos cometidos con ese mecanismo.
Según el Informe Nacional de Víctimas de Homicidios Consumados, en Tarapacá se registraron 32 homicidios consumados en 2024, con una tasa de 7,9 por cada 100 mil habitantes. De ese total, el uso de arma de fuego representó 31,3% de los casos. Además, el informe señala que 84,4% de los homicidios de ese año ocurrieron en la vía pública, lo que refuerza la sensación de exposición permanente de la comunidad frente a la violencia letal.
Ya en 2025, el mismo reporte oficial consigna una baja importante: Tarapacá cerró el año con 15 homicidios consumados, reduciendo su tasa a 3,7 por cada 100 mil habitantes. En paralelo, la participación del arma de fuego cayó a 26,7%, mientras que el mecanismo más frecuente pasó a ser el objeto cortante o punzante, con 53,3% de los casos. Aunque la reducción es significativa, el dato no debiera interpretarse como una victoria definitiva, porque el fenómeno sigue mostrando rasgos preocupantes: la mayoría de los homicidios continuó ocurriendo en la vía pública, alcanzando 73,3% en 2025.
Dicho de otro modo, Tarapacá no enfrenta una expansión estadística del homicidio con armas de fuego en el período 2024-2025, pero sí arrastra un problema estructural de violencia letal que aún tiene presencia callejera, impacto territorial y una fuerte capacidad de alterar la vida cotidiana. El hecho de que en 2024 casi un tercio de los homicidios se cometiera con armas de fuego, y que en 2025 esa modalidad siguiera presente en más de una cuarta parte de los casos, demuestra que el control del armamento ilegal y la desarticulación de redes criminales siguen siendo tareas pendientes.
Más aún, la serie histórica incluida en los informes confirma que el uso de armas de fuego en Tarapacá ha tenido un peso relevante durante varios años. En la región, este mecanismo representó 52,8% de los homicidios en 2021, 49,0% en 2022 y 53,5% en 2023, antes de bajar a 31,3% en 2024 y 26,7% en 2025. Es decir, aunque el último bienio muestra una disminución, Tarapacá viene de un ciclo previo donde el arma de fuego tuvo un protagonismo mucho más alto, lo que ayuda a explicar por qué la sensación de amenaza todavía persiste en la ciudadanía.