Derriban 11 postes y roban 4,5 kilómetros de cable de cobre en Alto Molle

El robo ocurrió de madrugada en Alto Hospicio y afectó una red de media tensión que alimenta infraestructura clave de radio, televisión, telecomunicaciones y servicios estatales. CGE desplegó cuadrillas para reconstruir el tendido y no descarta acciones legales ante el impacto del daño.

Durante la madrugada de ayer, un golpe planificado y de alto impacto dejó en evidencia la creciente sofisticación del robo de cobre en la región. Desconocidos sustrajeron más de 4.500 metros de cable de cobre en el sector Alto Molle, en la comuna de Alto Hospicio, afectando de forma severa la red de media tensión que abastece de energía a las antenas instaladas en cerro Tarapacá, un punto estratégico para las
comunicaciones en Tarapacá.

El delito no se limitó a cortar y llevarse material conductor. Según antecedentes recabados en el lugar, los responsables derribaron 11 postes de la red eléctrica, elevando la magnitud del daño a un nivel que va más allá de la pérdida económica por el cobre y se instala derechamente como un atentado contra infraestructura crítica de uso público. La escena encontrada por los equipos técnicos mostró un tramo del
tendido literalmente desarmado: postes en el suelo, líneas interrumpidas y señales de manipulación que, por la escala, sugieren participación de más de una persona, herramientas especializadas y logística para el retiro y traslado del material.

La elección del objetivo tampoco sería casual. Cerro Tarapacá concentra antenas de radio, televisión y telecomunicaciones pertenecientes a distintos medios de comunicación, además de equipamiento asociado a instituciones del Estado y organismos vinculados a la seguridad pública. Esto convierte el suministro eléctrico que llega a esa zona en un punto sensible: cualquier interrupción prolongada puede afectar la continuidad de señales, enlaces y sistemas que cumplen funciones esenciales para la comunidad, desde la difusión informativa hasta redes de coordinación.

Fuentes del sector eléctrico advierten que este tipo de robos suele ejecutarse en horarios de baja circulación, aprovechando oscuridad, acceso por rutas secundarias y tiempos de respuesta más lentos. En Alto Molle, la operación habría requerido conocer la geografía del sector y el trazado de la red, lo que alimenta la tesis de bandas organizadas dedicadas al robo de cobre, un delito que en el norte ha mostrado persistencia por el valor del metal y su reventa ilegal en mercados informales.

En este caso, el derribo de 11 postes agrega un componente especialmente complejo. Técnicos consultados explican que tumbar estructuras no solo implica fuerza y herramientas: también revela intención de dejar la red inutilizable para facilitar el retiro del cable, reduciendo resistencia del tendido, y al mismo tiempo dificulta la reposición inmediata. En términos operativos, la empresa distribuidora no enfrenta solo la reposición de conductor sustraído, sino la reconstrucción física de parte importante de
la línea: reinstalar postes, tensar cables, reponer herrajes y verificar seguridad antes de normalizar la entrega de energía.

La Compañía General de Electricidad (CGE) informó que desplegó equipos técnicos en la zona para iniciar el proceso de reconstrucción de la red vandalizada y restablecer el suministro eléctrico en el menor tiempo posible. La empresa lamentó el ataque, apuntando al impacto que tienen estos hechos en instalaciones críticas y en la seguridad del sistema. En paralelo, se espera que los antecedentes sean puestos a disposición de las policías y del Ministerio Público, considerando que el robo afecta infraestructura destinada a sostener servicios de comunicación y equipamiento de interés público.

En el terreno, el procedimiento suele incluir levantamiento de daños, inspección de riesgos eléctricos y aseguramiento del área para evitar accidentes, especialmente en zonas donde quedan elementos energizados o estructuras inestables. El lugar del robo también queda bajo interés investigativo por eventuales huellas, marcas de neumáticos, herramientas abandonadas o cortes específicos del cableado que puedan aportar a reconstruir la secuencia del hecho. En delitos de este tipo, la investigación
suele seguir dos líneas: identificar a quienes ejecutan el robo en terreno y rastrear la cadena de reducción, donde el cobre se acopia, se procesa y luego se comercializa.